Una niñez feliz y protegida
Buenos días estimados lectores, hoy 30
de abril, no quiero dejar de escribir a cerca de la mejor etapa que un ser
humano tiene en la vida... la niñez, así como la protección que la ley otorga a
los menores en nuestro país.
Siempre que se habla de la niñez, nos viene a la
mente o al menos a la mayoría de nosotros, los mejores momentos y experiencias
vividas en nuestros primeros años. Una felicidad centrada primordialmente en
cosas simples, situaciones agradables por el hecho de ser cosas o situaciones
que nacen del corazón, que nacen de la inocencia del alma y que si en todo caso
se encuentran condicionadas debería de ser por el amor y cuidados
proporcionados por nuestros padres y familiares más cercanos, que ahora como
adultos nos toca proporcionar y sentirnos afortunados en experimentar la gran
oportunidad que nos otorga la vida al ser padres.
Desafortunadamente en nuestro país, no todos los
niños viven una infancia feliz y exenta de preocupaciones e incluso de violencia
y con un desarrollo favorable como lo he mencionado en líneas anteriores y son
vulnerados en su persona ya sea de forma física o psicológica, y los más triste,
es que dicha violencia surge del seno familiar primario, es decir, dichas agresiones
son llevadas a cabo por ambos o alguno de sus padres y se desconoce los
derechos que tienen los menores y como la ley los protege.
Los niños como cualquier integrante de una
familia, tienen derecho a desarrollarse en un ambiente de respeto a su
integridad física, psicoemocional, económica y sexual y como consecuencia, se encuentran
protegidos contra conductas que generen violencia familiar y contar con la
asistencia y protección de las instituciones públicas, de acuerdo a las leyes
para combatir y prevenir conductas de violencia familiar.
¿Pero cómo define la ley a la violencia familiar?
El
Artículo 323 Quáter del Código Civil para la Ciudad de México, define como
violencia familiar, a aquel acto u omisión intencional, dirigido
a dominar, someter, controlar o agredir física, verbal, psicoemocional, o sexualmente
a cualquier integrante de la familia dentro o fuera del domicilio familiar, y que
tiene por efecto causar daño; no justificándose en ningún caso como forma de
educación o formación el ejercicio de la violencia, hacia las niñas y niños.
Por ello, quienes ejercen la patria potestad, que
corresponde a los padres o la guarda y custodia provisional o definitiva de un
menor sean padres o no, e independientemente de que vivan o no en el mismo
domicilio, deben dar cumplimiento sus obligaciones de crianza para sus hijos
tales como:
I.- Procurar la seguridad física,
psicológica y sexual;
II.- Fomentar hábitos adecuados de
alimentación, de higiene personal y de desarrollo físico.
Así como impulsar habilidades de
desarrollo intelectual y escolares;
III.- Realizar demostraciones afectivas,
con respeto y aceptación de éstas por parte del menor, y
IV.- Determinar límites y normas de
conducta preservando el interés superior del menor.
Considerándose incumplimiento de las
obligaciones de crianza, el que sin justificación y de manera permanente y
sistemática no realicen las actividades señaladas; lo que el Juez valorará en
los casos de suspensión de la patria potestad, de la determinación de la guarda
y custodia provisional y definitiva, y el régimen de convivencias.
Para el caso de incumplimiento de alguno
de los padres de las obligaciones antes señaladas, se puede acudir ante el juez
de lo familiar a efecto de que se proteja la integridad del menor y se apliquen
las medidas correspondientes por el juez que conozca del asunto ya sea a solicitud
de uno de los padres, de los abuelos o de las personas que tengan conocimiento sobre una
situación de violencia familiar, según sea el caso.
Por ello debemos ser conscientes de la
gran responsabilidad que tenemos los adultos, al momento de concebir un hijo y
traerlo a este mundo y estar comprometidos en su educación y protección, lo
cual es una tarea titánica, pero que a la vez se convierte en una tarea más
sencilla y remunerada, al tener a nuestro lado al ser que más puede uno amar y
proteger en este mundo como lo es un hijo y si creen que estoy equivocado o que
en ocasiones el día a día y el propio cansancio hace complicada la relación con
esos pequeños, recuerden el día de su nacimiento que como dicen: El ver nacer
a un hijo es como conocer a dios en persona; el momento en que despertaban en
plena madrugada, por que se encontraba llorando nuestro bebe y al estrecharlo
en nuestros brazos, la recompensa que teníamos era su hermosa sonrisa y sus
precisos ojos mirando los nuestros, con lo que nos hacían sentir la persona más
importante y afortunada del mundo, por ello celebro que exista este día en el
que más que festejar a los niños, debemos honrarlos por la oportunidad que nos
dan de tenerlos a nuestro lado y recordar que al igual que ellos lo más
importante en esta vida es el amor y ser felices. Hasta la próxima y FELIZ DÍA DEL NIÑO. RM.
Muy bueno Rodolfo. !!
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